Las prácticas del lenguaje se adquieren en el ejercicio mismo, ya que los niños y niñas se incorporan progresivamente a los intercambios orales que se producen en su ámbito cercano y se apropian de los recursos lingüísticos y no lingüísticos que les permiten hacerse entender. La sala y el Jardín Infantil todo deben constituir un espacio confiable que los invite a ejercer cada vez más eficazmente las prácticas vinculadas a la oralidad, la lectura y la escritura. Esto se logra cuando en la sala y otros espacios educativos del Jardín se crean las condiciones didácticas que permiten a los niños y niñas ejercer las prácticas de los hablantes, los lectores y los escritores, y apropiarse de ellas. La reflexión sobre el uso de estas prácticas sociales constituye el objeto de enseñanza. Deben diseñarse, entonces, situaciones en las que los niños y las niñas  encuentren oportunidades frecuentes de hablar, escuchar, leer y escribir teniendo en cuenta el uso del lenguaje.

Ésta es la última entrega de la serie de tres cuadernillos mensuales, pensados de manera integral, que permiten a las maestras la secuenciación progresiva de las actividades a partir de las competencias previas de sus alumnos y alumnas.